miércoles, 19 de julio de 2017

"El cuento de la criada", por Margaret Atwood.

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. 

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.

Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.

Nolite te bastardes carborundorum
<<No dejes que los cabrones te hagan polvo>>

Creo que es justo decir, primero de todo, que mi visión de “El cuento de la criada” viene condicionada por el hecho de haber leído la novela de Margaret Atwood prácticamente al mismo tiempo que veía la adaptación televisiva creada por HBO. No hace falta, ya lo sé, que os hable del poder de la pantalla. Pero es que en mi caso, es imposible entender la novela sin tener en cuenta, por ejemplo, el impresionante trabajo que hace Elisabeth Moss metiéndose en la piel de Defred, y que a mí me ha servido para entenderla de otro modo, para sentir la novela de Atwood con una intensidad que es difícil alcanzar solamente a través de su lectura. Quizá también porque, en contra de lo que estamos acostumbrados, la serie se atreve a explorar aspectos de los personajes que no llegan a tratarse en el libro, pero lo hace, en todo momento, respetando el arco argumental propuesto por la autora para ellos. Así que sobra decir que os recomiendo ambas, novela y adaptación televisiva, y que inevitablemente aquí, en mis impresiones, se entremezclarán una y otra.

“Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades.”

Cuenta Margaret Atwood en el prólogo de “El cuento de la criada” que cuando escribió la novela, allá por 1984, tenía claro que no ocurriría nada en su mundo distópico que no hubiese ocurrido ya antes en el mundo real. Cierto es, como ella misma reconoce, que para alguien que nació en 1939 no es difícil imaginar el derrumbe de un sistema político, de una nación, en aras de un supuesto bien común. Así pues, no existe nada en Gilead que no exista en nuestro mundo. De hecho, el mayor acierto de esta historia es ese: que hoy día, más de treinta años después de su creación, la historia de Defred nos remite cada vez más al mundo en que vivimos. Porque sigue habiendo mujeres sometidas, mutiladas, violadas, violentadas de algún modo en distintos lugares del mundo. Porque la condición sexual sigue siendo motivo de muerte en algunos países. Porque la religión sigue controlando las vidas de muchos, aún en contra de su voluntad. Porque como June, Luke y Hannah, miles de familias tratan de alcanzar fronteras cargadas con sus hijos en los brazos, en busca de un lugar mejor.

“Hay más de una forma de ser libres, decía Tía Lydia. Puedes gozar de algunas libertades, pero también puedes liberarte de ciertas cosas. En los tiempos de la anarquía, se os concedían ciertas libertades. Ahora se os concede vivir libres de según qué cosas. No lo menospreciéis.”

Narrada en primera persona por la propia Defred, que aún alcanza a recordar el tiempo en que fue libre, cuando se llamaba June, antes del centro de adiestramiento, y que ahora trabaja como criada en casa de los Waterford. Allí habita despojada de toda identidad, el régimen decide qué ropa debe vestir, con quién debe hablar y qué día del mes deberá ser violada, con fines únicamente reproductivos y en presencia de la esposa, por el comandante y cabeza de familia.


Atwood construye una sociedad que nada tiene que envidiar a la que Orwell creó en “1984”, donde la mujer es sólo un recipiente que debe ser usado para la procreación, sin derechos de ningún tipo, donde se les prohíbe incluso leer. La atmósfera resulta opresiva, realmente aterradora en algunos pasajes, y cobra vida en la versión televisiva gracias a una espectacular fotografía y, de nuevo, a lo que hace Elisabeth Moss con Defred y que, me apuesto lo que sea, le valdrá un Emmy el próximo mes de septiembre.

“No quiero sentir dolor, no quiero ser una bailarina ni tener los pies en el aire y la cabeza convertida en un rectángulo de tela blanca, sin rostro. No quiero ser una muñeca colgada del Muro, no quiero ser un ángel sin alas. Quiero seguir viviendo, como sea. Cedo mi cuerpo libremente para que lo usen los demás. Pueden hacer conmigo lo que les venga en gana. Por primera vez siento el verdadero poder que ellos tienen.”

No es “El cuento de la criada” una lectura amable, en ningún sentido. Se suma a lo duro de su temática el desarrollo, deliberadamente lento, lo reflexivo en ocasiones del monólogo de Defred y la prosa, cuidada y riquísima, a veces punzante e irónica, de Margaret Atwood. Pero bien merece la pena abordarla sin prisas, degustar despacio la progresión de Defred, porque al final, hay cosas que ningún gobierno, por poderoso y despótico que sea, puede frenar. Y bajo la toca y el vestido rojo que anula la identidad de Defred, resurge una June que batalla contra sí misma, contra el miedo y el deseo, contra las ganas de pelear, que pugnan por hacerse oír en un mundo en el que la única actitud aceptable es la resignación.

 “El miedo es un estimulante poderoso. Entonces llamaba a la puerta con suavidad, como lo haría un pordiosero. Siempre temía que él se hubiera ido; o, peor aún, que no me dejara entrar, que me dijese que no quería seguir quebrantando las normas, que no quería estar con la soga al cuello por mi culpa. […] Que nunca llegase a hacer nada de eso me parecía de una benevolencia y una fortuna increíbles. Ya te he dicho que el asunto se ponía feo.”

Ya veis que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación original, estamos ante una novela cuyos argumentos siguen más vigentes que nunca, y quizá por eso le ha tocado volver a la palestra. Pero independientemente de los motivos, siempre es una suerte para el lector que se recuperen historias como esta, más en este caso, en el que además contamos con una adaptación televisiva mimada hasta el extremo, que ha contado incluso con el asesoramiento de la propia Atwood. Leedla. Y vedla. 

lunes, 17 de julio de 2017

Leyendo (XXIX)





¡Buenos días!

Este pasado fin de semana comenzamos la lectura conjunta de "Hija única" de Anna Snoekstra, un thriller que promete ser muy entretenido y al que me dedicaré esta semana. Combinaré su lectura con los relatos de "El señor de las muñecas y otros cuentos de terror" de Joyce Carol Oates.

Espero también traeros, a lo largo de la semana, mi reseña de "El cuento de la criada" de Margaret Atwood, una de mis mejores lecturas de este año.

Y vosotros, ¿qué léeis?



Continúa el homenaje a Jane Austen en Netherfield, esta semana con el sorteo de "Juicio y sentimiento".
Bases.









Lectora de tot sortea un ejemplar de "La luna en las minas" de Rosa Ribas.
Bases.

jueves, 13 de julio de 2017

"Latidos", por Frank Thilliez.


Camille Thibault es una joven policía que sufre de horribles pesadillas desde que recibió un trasplante de corazón años atrás. En ellas aparece siempre la misma joven pidiéndole ayuda de forma desesperada. Cuando su nuevo corazón empieza a dar signos de rechazo, Camille tendrá una única obsesión: encontrar a su donante y descubrir su pasado. 

Mientras, el investigador de la policía de París Franck Sharko deberá hacer frente al caso más difícil de su carrera: la muerte de doce jóvenes y la conexión con una mujer que reaparece, ciega, tras pasar mucho tiempo bajo tierra. Pero algo extraño sucede: a cada pista sobre la investigación que Sharko persigue, una mujer policía se le adelanta…
 





No puedo evitar enfrentarme siempre con cierto miedo a las novedades de autores cuyas novelas anteriores me han gustado mucho. Sobre todo si estamos, como en este caso, ante una saga en la que ya llevo inmersa varios años. Las andaduras de Lucie Henebelle y Franck Sharko son ya una cita obligada para mí, y de nuevo, Thilliez no decepciona.

Lucie y Sharko están en un momento dulce, una pequeña parada obligatoria que les han mantenido, por un breve período de tiempo, lejos del sufrimiento pasado. Pero un accidente en el bosque va a poner al descubierto un nuevo caso que acelerará la reincorporación de ambos a su ritmo de vida habitual. El caso que llevan entre manos pronto enlazará con la trama de Camille, una joven gendarme que vive gracias a un trasplante de corazón. Camille está obsesionada con la idea de encontrar a su donante y averiguar si están relacionadas con él las pesadillas que últimamente la acosan.

Thilliez construye su novela tirando de sus señas de identidad: ritmo de thriller, tono de novela negra, trama compleja y una magnífica construcción de los personajes. Y es que a los viejos conocidos se une una Camille que va a dar mucho juego en el futuro, estoy segura, y crece la figura del comisario Bellanger, al que apenas conocimos en las entregas anteriores y que aquí cobra un protagonismo que, al menos en mi caso, ha conseguido eclipsar a los personajes habituales.

En cuanto a la trama, Thilliez abandona un poquito el thriller científico, aunque alguna pincelada hay, y se pasa a lo histórico, llevándonos a través de los ojos de un fotógrafo por los horrores del mundo reciente: de la dictadura de Videla en Argentina al robo de bebés en la España pos franquista, pasando por Kosovo , Ghana o Irán.

A pesar de lo mucho que me ha gustado la novela, sí he de reconocer que se le puede achacar a Thilliez, en ocasiones, cierto exceso de velocidad y de abuso de algunos clichés (esos rescates in extremis tan de película me cuestan cada vez más), pero se le perdona porque es él y yo le leería aunque acabara escribiendo novelas rosas protagonizadas por señores con falda escocesa.

Si aún no habéis leído a Thilliez, seguro que ya os habrán dicho mil veces que lo hagáis. Yo me sumo a la petición pero, eso sí, os insto a hacerlo en orden, empezando por “El síndrome E” o, mejor aún, por “El ángel rojo”, para que os vayáis haciendo con los personajes desde sus primeras andanzas. 

martes, 11 de julio de 2017

"La musa oscura", por Armin Öhri.


En el Berlín de 1865 una mujer es asesinada de manera brutal. Julius Bentheim, un joven estudiante de Derecho que, gracias a su talento como dibujante, gana algo de dinero realizando bocetos de escenas de crímenes, colabora con la investigación. Todos los indicios apuntan a la culpabilidad del excéntrico profesor de filosofía Botho Goltz, empezando por su propia confesión. 

Pero cuando el presunto asesino es finalmente llevado ante la justicia, hará gala de una astucia tan maquiavélica —no hay arma homicida ni móvil y la policía incluso ha hecho desaparecer sin saberlo algunas de las pruebas— que acabaremos preguntándonos si Goltz pagará por su sórdido crimen. 






Tengo que reconocer que me topé con esta novela por pura casualidad, en una librería, y me hice con ella sin saber muy bien qué iba a encontrar en ella. O más bien, con una idea equivocada de lo que contenía. Daba por hecho de que viniendo de la mano de la editorial Impedimenta se trataría de un clásico que valdría la pena recuperar. Y di también por sentado que se trataría de una novela de detectives típica del siglo XIX. Lo cierto es que no di ni una. “La musa oscura” se publicó en 2014, y la rescató la editorial sólo dos años más tarde para publicarla en castellano. Y no, no estamos ante una investigación al uso…

De hecho, sabemos desde el principio cómo y quién ha perpetrado el brutal asesinato de Lene Kulm. El mismísimo asesino, el profesor Botho Goltz, tocó a la puerta de su vecina, en mitad de la noche, para confesar su crimen. Sin embargo, conforme avance el juicio contra él, veremos que la astucia del supuesto criminal está muy por encima del sistema de la época. No hay, por tanto, apenas investigación ni misterio en la trama. El interés reside en si, finalmente, Goltz conseguirá ser declarado inocente o no.

Tratar de calificar la novela de Armin Öhri encuadrándola dentro de un género sería una pérdida de tiempo. Estamos ante una obra en la que el protagonista es, por encima de todo, el Berlín decimonónico, poblado de personajes históricos, nombres relevantes para la literatura y la cultura de la época. Un Berlín donde conviven las tertulias literarias de alto copete y las prostitutas que trabajan a pie de calle. Un lugar sórdido y luminoso a un tiempo, enmarcado en un tiempo en el que los avances que han marcado la investigación policial, tal como la conocemos hoy día, están aún en pañales.

Y de eso se vale Goltz para tratar de salir airoso del crimen. En una época en la que nada se sabía del ADN, serán de gran utilidad los dibujos de Julius Bentheim, pintor y detective amateur, para tratar de desenredar parte de la madeja desde su posición. Un personaje que está llamado a protagonizar nuevas entregas de la saga y con el que yo, he de confesar, no he terminado de simpatizar. En esta ocasión, como ya me ha pasado alguna vez antes, me ha causado más interés el villano.

Lo cierto es que Öhri traza una novela relativamente compleja, entretenida, con una ambientación muy trabajada pero que cojea un poco por culpa de unos personajes que parecen estar sin terminar, quizá precisamente por esa intencionalidad de continuar contando sus andanzas. 

“La musa oscura” ha resultado una lectura sorprendente, en parte por la idea que llevaba hecha y que en nada se parecía a la novela que luego ha sido; interesante, magníficamente editada (siempre es un lujo tener uno de estos libros en las manos) pero quizá más ligera de lo que cabía esperar. Ya veremos si, cuando lleguen futuras entregas, me ha calado lo suficiente como para continuar con ellas.

lunes, 10 de julio de 2017

Leyendo (XXVIII)



¡Buenos días! 

Lunes de nuevo y, en nada, estaré de vacaciones. Mientras apuramos los últimos días de faena, leo a dos autores que son, en mi caso, una apuesta fija.

Por un lado, continúo con "Los ángeles de hielo" de Toni Hill, una novela que estoy disfrutando tanto como lo hice en su día con la saga del inspector Salgado. Me ha sorprendido este coqueteo del autor con el terror más clásico, la verdad.

Por otro lado, voy leyendo los relatos de "El señor de las muñecas y otros cuentos de terror" de Joyce Carol Oates, una recomendación de que llevé del blog de Atalanta, que es otra que tampoco me falla nunca. 

Y vosotros, ¿qué leéis?







Lectora de tot sortea un ejemplar de "El encanto" de Susana López Rubio.
Bases.








Sorteo de un ejemplar de "Las lágrimas de Claire Jones" de Berna González Harbour en el blog de El búho entre libros, que celebra sus mil seguidores. ¡Felicidades!
Bases.





En el blog de Las Inquilinas de Netherfield, sorteo de un ejemplar de "La Abadía de Northanger" para dar comienzo al mes temático de Jane Austen.
Bases.

viernes, 7 de julio de 2017

Agosto: Mes del thriller.

El mes de agosto será, como viene siendo tradicional en los últimos años, el mes del thriller. Como siempre, se trata de leer y reseñar novelas que se puedan encuadrar en ese género. Podéis acceder a las bases completas pinchando en el banner:

Y si no tenéis nada que leer en vuestras estanterías, Laky os ofrece además la posibilidad de ganar un ejemplar de la novedad de Duomo, "Desaparecido" de C. L. Taylor.

Yo, por mi parte, tentaré a la suerte en el sorteo y procuraré rescatar alguna novela que se haya quedado esperando.

martes, 4 de julio de 2017

"Persuasión", por Jane Austen.


Es la historia  del romance de Anne, la hija menor del fatuo Sir Walter Elliot, bonita y sociable, que encuentra a su héroe, el Capitán Wenworth, a pesar de las barreras sociales.

La vanidad y los prejuicios de una aristocrática familia se interponen en el amor profundo y sincero de la joven pareja. Anne fue educada por una amiga al morir su madre. Su gratitud hacia la elegante dama la empuja a escuchar los consejos que le impedirán unirse al hombre que ama, un oficial de marina de poca fortuna. De esta forma, enfrenta largos años de soledad en los que la belleza y el resplandor de la juventud van mermando, pero no así su carácter dulce y bondadoso que, junto a su inteligencia, consolida la personalidad de una atractiva mujer, preparada tanto para las situaciones adversas como para la maravillosa segunda oportunidad del destino.


Este que hoy os traigo es mi tercer intento con Jane Austen. Lo intenté primero con “Sentido y sensibilidad”, hace ya unos años, y no logré terminarlo. El año pasado conseguí acabar “Emma” aunque lo hice con sensaciones encontradas y la lectura se me hizo bastante cuesta arriba. Así que tirando de orgullo, esta vez me he liado la manta a la cabeza y me he apuntado al homenaje a la autora que organizan las chicas de Las Inquilinas de Netherfield. Y gracias a ellas he disfrutado, por fin, de una novela de esta autora. Hoy os traigo mi reseña de “Persuasión”.

“El último encuentro había dejado a la vista los sentimientos de él; ella tenía esa deliciosa convicción; pero temió, al ver su expresión, que la misma desdichada persuasión que le había alejado del salón de conciertos aún lo dominara”

Elegí “Persuasión” porque había oído en alguna parte que es la única novela de Jane que se centra en contar una historia de amor, y por tanto, se alejaba un poco de su crítica a la sociedad de la época. Lo cierto es que yo he encontrado más de lo segundo que de lo primero. Y que además ha sido lo que más me ha gustado de la novela, al contrario de lo que me ocurrió leyendo “Emma”.

Y es que encuentro en “Persuasión”, sobre todo, un retrato de la burguesía, un desprecio a esa jerarquía tan marcada, en la que dependiendo de tu estrato social, estás destinada a vivir y a casarte de acuerdo a lo que se espera de ti. A lo largo de la novela asistimos a varios eventos sociales en los que prima la falsedad de sus asistentes, sus sonrisas y frases de conveniencia, las poses y la amabilidad fingida. Y ahí, entre líneas, el rol de la mujer en la sociedad de la época, destinadas a permanecer quietas y expectantes:

“Nosotras no nos olvidamos tan pronto de ustedes como ustedes se olvidan de nosotras. Quizá sea éste nuestro destino y no un mérito de nuestra parte. No podemos evitarlo. Vivimos en casa, quietas, retraídas, y nuestros sentimientos nos avasallan. Ustedes se ven obligados a andar. Tienen una profesión, propósitos, negocios de una u otra clase que los llevan sin tardar de vuelta al mundo, y la ocupación continua y el cambio mitigan las impresiones.”

El hilo conductor de la historia es la relación entre Wenworth y Anna, un romance bonito y amable, capaz de calar en casi cualquiera porque, el que más y el que menos, todos hemos soñado alguna vez con reencontrarnos con un amor que se quedó atrás. Me ha gustado su desarrollo y, sobre todo, la delicadeza con que se conducen ambos.

Más me ha costado lidiar con los personajes secundarios, en cuya boca todo sonaba hueco y vacío. Incluso se me hacía cuesta arriba su lectura cuando estos se explayaban en pequeños monólogos o diálogos, y me resultaba chocante el modo de expresarse. Nada que ver con ese diálogo interior íntimo y mucho más sencillo de Anna, al que accedemos a través del narrador omnisciente. Diría que Jane lo hizo adrede…

Lo cierto es que finalmente conseguí disfrutar, con todas las letras, de una novela de Jane Austen. Si ese era el objetivo inicial, pueden darse por satisfechas mis vecinas de Netherfield, que el logro es en parte suyo.

lunes, 3 de julio de 2017

Leyendo (XXVII)


 
¡Buenos días!

Tal como me temía, la semana pasada no dio para muchas lecturas, y solo me dio para terminar "El cuento de la criada" de Margaret Atwood, una novela que ya os adelanto que me ha gustado mucho (casi tanto como su adaptación para HBO, que tenéis que ver sí o sí).

Así que hoy comienzo la semana prácticamente empezando estas dos lecturas: "Los ángeles de hielo", la última novela de Toni Hill que tengo en casa desde que salió el año pasado y que ya no voy a demorar más; y por otro lado "Llanos de sangre" de Christian Martin, una novedad de la editorial Max Extrella que me llamó mucho la atención.

Y vosotros, ¿qué leéis?

¡Feliz semana!





Albanta, del blog Adivina quien lee, sortea un ejemplar de "El jugador de ajedrez" de Julio Castedo.
Bases.









Laky, del blog Libros que hay que leer, sortea dos ejemplares de "La chica en la niebla" de Donato Carrisi.
Bases.






En el blog De lector a lector, sorteo de un ejemplar de "El manuscrito nazi" de Juan Martorell.
Bases.

martes, 27 de junio de 2017

"Cicatriz", por Sara Mesa.

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente... exhaustivo.» Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse.

“Cicatriz” fue una lectura que se me hizo cuesta arriba casi desde el inicio, y mira que tenía ganas de descubrir a esta autora. Seguí leyendo por pura cabezonería, en busca de algo que esperaba encontrar y que finalmente no llegó. Y esta vez no fueron las expectativas ni una mala elección del momento. Fue, más bien, que no congeniamos. Incompatibilidad de caracteres lo llaman ahora. Obviamente, esto no es más que una percepción mía, y no dudo que habrá lectores que puedan sacarle todo el jugo a esta historia. Pero no ha sido mi caso.

“El amor no es más que una proyección de las propias carencias, una entelequia, como lo eran Odette y Albertine para el joven Marcel.”

Sonia y Knut se conocen en un foro literario de Internet y se establece una relación entre ellos bastante peculiar. En los inicios surge cierta atracción que va dejando paso, poco a poco, a una relación tóxica y tremendamente obsesiva, especialmente por parte de él. A los larguísimos emails que intercambian pronto se añade el envío de libros que Knut roba para Sonia. Y ella comienza cediendo al halago y acaba atrapada en una tela de araña de la que ni puede ni quiere salir.

No sé a vosotros pero a mí la premisa de la novela me gustaba. De hecho, sigue siendo ese punto de partida lo mejor de ella: que pone sobre la mesa el cómo nuestra forma de relacionarnos con el resto del género humano ha cambiado a peor, como si de algún modo esas tecnologías destinadas a favorecer el contacto se hubieran convertido en todo lo contrario. A Sonia y Knut la pantalla que les hace de vía de comunicación les sirve también de parapeto para explayarse en su falsedad. Aquí todo resulta más fácil: el halago, la exigencia, la mentira. Sonia se ve incapaz, en un principio, de poner freno a la intromisión de Knut en su vida. Y después ya está demasiado enganchada como para querer salir.

Mi problema ha sido que todo en la novela me ha resultado extenuante, agotador. Los monólogos de Knut, su pasión por ésos autores a los que él considera únicos y especiales y cuya prosa a mí me resulta tan cargante como él. Yo no, no he leído a Proust, más allá de algunos pasajes cuando era estudiante. No he leído a Faulkner. Posiblemente porque me falta bagaje y capacidad para hacerlo, no pasa nada. Quizá algún día esté preparada para hacerlo pero ahora mismo no. Y así, el componente metaliterario, que por regla general logra que disfrute mucho más de cualquier historia, tiene aquí una presencia tan brutal que se convirtió, para mí, en lastre.

Ambos personajes están construidos, no me cabe duda de que con toda la intención, para resultar desagradables y provocar un rechazo en el lector. Para obligarle a plantearse ciertas cosas acerca de sí mismo. Y eso no está mal y, además, lo consigue en gran parte.

La prosa de esta autora, de la que tan bien había oído hablar, me ha resultado en ocasiones un tanto árida, algo cargante en ocasiones, no sabría distinguir si por culpa de lo que pone en boca de sus personajes o por sí misma. En cualquier caso, es un libro que seguramente le gustaría leer a Knut, y que quizá por eso, a mí no me ha ganado en absoluto.

lunes, 26 de junio de 2017

Leyendo (XXVI)





Aquí estamos un lunes más para compartir las lecturas que nos acompañarán esta semana.

A mi se me ha colado "El cuento de la criada" de Margaret Atwood, recientemente editado por Salamandra. Y es que la semana pasada pude ver el primer capítulo de la serie que ha inspirado y que ha emitido HBO ("The handmaid's tail") y me quedé tan prendada que decidí leer la novela antes de continuar con la serie. La verdad es que voy avanzando con ambas versiones más o menos a la vez y las estoy disfrutando mucho.

 Y vosotros, ¿qué leéis?



Laky, del blog Libros que hay que leer, sortea un ejemplar de "Ningún escocés verdadero", de Ana Ballabriga y Daniel Zaplana, ganadora del tercer concurso indie de Amazon.
Hasta el 7 de Julio.
Bases.







Marina Córdoba, del blog Mis lecturas, celebra sus 1300 seguidores con un sorteo de vacaciones muy apetecible.
Hasta el 15 de Julio.
Bases.





Lectora de tot sortea un ejemplar de "La noche que no paró de llover" de Laura Castañón.
Bases.










Aún podéis participar en el sorteo de "Ningún escocés verdadero" en el blog de Adivina quien lee.
Bases.


domingo, 25 de junio de 2017

Ganador "El guerrero a la sombra del cerezo"

Y la ganadora es ...
Marina Córdoba
¡Enhorabuena!

Envíame por favor tus datos al correo del blog (dejameleerenpaz@gmail.com) para que pueda hacerte el envío.

A todos los demás, muchas gracias por participar.

sábado, 24 de junio de 2017

Listado provisional "El guerrero a la sombra del cerezo".

Hoy sábado acaba el plazo para apuntarse al sorteo de "El guerrero a la sombra del cerezo". Os dejo aquí la lista provisional de participantes, por si detectáis algún error, y el número asociado a cada cual para el sorteo.
Mañana conoceremos al ganador. Para los despistados, aún os quedan unas horas para apuntaros pinchando en el banner.


Participantes:

1. Marina Córdoba.
2. Mª Ángeles Bk
3. Ana Mª García
4. Nitocris
5. Mar
6. Ful Navalón
7. Ana
8. MRCastillo
9. Irunesa
10. Judith Rodríguez
11. Mireia GM
12. Dumain
13. Fesaro
14. Ángela León
15. Carmen CG
16. Mónica Serendipia
17. Cristina Fairchild
18. Marisa Ruiz
19. Bajolapieldeunlector
20. Francisco
21. Bookanera AD
22. Espe
23. LauryMG
24. Sandry

jueves, 22 de junio de 2017

"La mujer de la libreta roja", por Antoine Laurain.


Laurent Letellier, banquero parisino convertido en feliz propietario de una pequeña librería, encuentra una mañana de camino al trabajo un bolso de mujer depositado encima de una papelera. Intrigado, se lo lleva a la tienda con la intención de devolverlo a su propietaria. Sin billetero ni teléfono, la tarea se presenta más complicada de lo que podría parecer y Laurent, arrastrado por una irrefrenable curiosidad, empieza a reconstruir el rompecabezas de la vida de la desconocida a través de los objetos que contiene el bolso. El diario de Laure, que así se llama la mujer, una libreta roja llena de anotaciones, pensamientos y recuerdos será el hilo conductor que le proporcionará las pistas para buscarla. Pero, a la vez, la libreta es una llave a su intimidad, y Laurent se encontrará cada vez más inmerso y, en cierta forma, conectado a la historia de esta misteriosa mujer, cuya búsqueda se convierte en una absorbente labor detectivesca.


Me ha gustado mucho “La mujer de la libreta roja”, y no solo porque ocurre en París y llueve. También porque hay un librero atractivo, de cuarenta y tantos, que se cansó de los números y las falsedades que acompañaban a su oficio de banquero. Y se atrevió a ceder a la tentación de las letras, abrió una librería en el corazón de la ciudad del amor y la llamó Le Cahier Rouge.

Me ha gustado tanto, quizá, porque el amor por los libros y las letras se siente en cada uno de los breves capítulos que conforman esta novela. Porque por sus páginas pasea el mismísimo Patrick Modiano, que un día le firmó un libro a una mujer con un bolso malva, y que será requerido por el destino para interceder en esta historia. Y eso no pasa a menudo, claro.

Me ha gustado la pluma delicada de Antoine Laurain, tan amable y tan sencilla, sin ínfulas de protagonista. En ocasiones reflexiva, en ocasiones tremendamente divertida. Será difícil que olvide el viaje de William en metro, tratando de elaborar una hipótesis plausible para la existencia del librero.

Me ha gustado porque Laure y Laurent son de verdad y, al mismo tiempo, les envuelve un aura mágica, como de cuento. Y porque hay un gato, también por eso.


“Uno se oye pronunciar frases que nunca ha dicho, oye sus pasos resonar en lugares adonde jamás ha ido, distingue el oleaje de una playa cuya arena no ha pisado en su vida. Oye la risa y las palabras de amor de una mujer que la que no ha llegado a relacionarse. Le ronda la idea de una historia con ella. Por alguna razón desconocida, no hemos cedido al exquisito vértigo que acompaña los pocos centímetros que hay que recorrer hasta el rostro del otro en el primer beso. Hemos pasado al lado de algo, hemos pasado tan cerca de algo que una parte permanece.”

martes, 20 de junio de 2017

"El guerrero a la sombra del cerezo", por David B. Gil.

Japón, finales del siglo XVI. El país deja atrás la Era de los Estados en Guerra y se adentra en un titubeante periodo de paz. Entre las víctimas del largo conflicto se halla Seizo Ikeda, único superviviente del clan regente de la provincia de Izumo, huérfano a los nueve años tras el exterminio de su casa. Hostigado por los asesinos de su familia y condenado al destierro y al olvido, inicia un largo peregrinaje al amparo de Kenzaburo Arima, último samurái con vida del ejército de su padre, convertido ahora en su mentor.

En el otro extremo del país, Ekei Inafune, un médico repudiado por aplicar las artes aprendidas entre los bárbaros llegados de Occidente, se ve implicado en una conjura urdida a la sombra de los clanes más poderosos del país. Una conspiración capaz de acabar con el frágil periodo de calma que da comienzo.
Una novela cruda y bella, cargada de matices, que nos hace viajar a través de un Japón devastado por más de dos siglos de guerra, entre cuyas cenizas, sin embargo, florecen los más hermosos cerezos.

Esta es una de ésas veces en las que uno sabe que no va a hacer justicia a la novela de la que le toca hablar. Los que invertís también parte de vuestras horas en este pasatiempo de hablar de los libros que van cayendo en nuestras manos sabéis que a veces ocurre. Y que ocurre sobre todo cuando toca alabar una historia que ha pulverizado cualquier expectativa que pudieseis tener sobre ella. Hoy es uno de esos días, a ver cómo lo hago…

“La paciencia es una gran virtud – dijo Kenzaburo -, pero un samurái no sueña como los pájaros, no se limita a esperar que las cosas sucedan. Los hombres débiles tienen sueños, Seizo, los fuertes tienen voluntad.”

El autor da el pistoletazo de salida a su novela con un pequeño prólogo que sitúa el contexto histórico de la novela. Nos hallamos en el Japón medieval, en medio de una situación política calma en apariencia y realmente inestable bajo la quietud de una paz que es nueva para sus habitantes.  El joven Seizo, único superviviente del clan Ikeda, inicia su largo peregrinaje de la mano de su mentor, Kanzaburo Arima. Un periplo que sólo puede culminar con el extermino de los que trajeron la desgracia para su familia. Al otro lado del país, en la peculiar ciudad de Fukui, el médico Ekei Inafune deberá adentrarse en la sólida jerarquía de los Yamada y evitar una guerra inminente.

Se inicia la novela con un ritmo pausado, que nace, ni más ni menos, de la necesidad del autor de construir con esmero a unos personajes que van a sostener las más de setecientas páginas que conforman “El guerrero a la sombra del cerezo”. Y así, gracias a la alternancia de capítulos protagonizados por uno y otro, nos vamos adentrando en la peculiar personalidad de Seizo y Ekei. Entiendo que a algunos lectores esta primera parte se les pueda antojar un poco lenta, a mí desde luego no me lo pareció y me deslicé por sus páginas casi sin darme cuenta. Para cuando quise levantar la cabeza de sus páginas, ya estaba prendada de ambos personajes.

Aunque debo confesarlo, ha sido Ekei mi debilidad. Un médico japonés que se ha dejado, sin embargo, seducir por los conocimientos de la medicina occidental en un tiempo en que la tradición manda. Un tipo rebelde, inteligente y con los suficientes arrestos como para introducirse en un clan enemigo para evitar una guerra. Alrededor de él pululan unos secundarios de auténtico lujo: la doctora O-Ine Itoo, una mujer consagrada a la medicina, que sufre su propia guerra interior; el indómito e imponente León de Fukui, Torakusu Yamada; y Asaemon, que samurái que pronto se convertirá en fiel amigo y compañero de correrías nocturnas del médico. Unos personajes que van a permanecer conmigo durante mucho tiempo.

Entre las bondades de la novela está también la magnífica ambientación que construye David B. Gil. Tras ella se halla, por un lado, una ardua tarea de documentación en la que nada queda al azar. Las jerarquías, las vestimentas, las armas y técnicas de lucha… Todo se exhibe en la novela de forma discreta, sin necesidad de largos párrafos didácticos, con sutileza. Por otro lado se halla la pluma de un autor que se saca de la manga una ciudad viva, colorida, de callejuelas estrechas e intrincadas, donde uno casi puede oler el salitre y el sake que empapan la bahía.

“Este es el verdadero rostro de Fukui, amigo mío. Si quieres saber cómo es una capital, visita sus arrabales: aquí es donde la ciudad te mira de verdad a los ojos”.

En “El guerrero a la sombra del cerezo”, ya lo veis, se aúnan varios géneros: histórico, aventuras, suspense, y una emotiva parte final.  Todo bien dosificado, sin alardes  y con mucho oficio por parte de un autor que me ha sorprendido muy gratamente. Me ha emocionado incluso leer en el apartado de agradecimientos que tardó seis años al menos en terminar este novela. Se nota, desde luego, que su autor ha puesto toda su alma y energía en ella.

En mi caso, este título se irá a esa lista final que siempre nos gusta hacer, con las mejores lecturas del último año. La colocaré ahí, estoy segura, junto a De Vigan y Luján. Me parece un bonito sitio para estar.

“Los buenos recuerdos son engañosos, son como piedras sumergidas en  el lecho de un río: la corriente va puliendo sus filos hasta que solo queda la forma suave de aquello que queremos recordar. Pero nada fue tan hermoso como lo atesoramos en nuestra memoria.”

Os recuerdo que permanece activo en el blog, hasta finales de esta semana, el sorteo de un ejemplar de "El guerrero a la sombra del cerezo". Podéis participar pinchando en el banner.


lunes, 19 de junio de 2017

Leyendo (XXV)



¡Buenos días! Me asomo desde el frenesí de los últimos de curso para contaros que estoy leyendo dos novelas negras. Debe ser que mi subconsciente es muy listo y no quiere arriesgarse a que me bajen las pulsaciones al llegar a casa.

Por un lado, leo "Latidos", lo nuevo de Franck Thilliez, al que soy fiel desde que me atrapó con "El síndrome E". El francés sigue fiel a su estilo y yo lo estoy disfrutando muchísimo.

En otro tono, aunque se encuadre dentro del mismo género, está "La musa oscura" de Armin Öhri, editada por Impedimenta. Una novela de ambientación decimonónica que rinde su particular homenaje a las novelas de detectives de la época.




Sorteo 500 seguidores en el blog de Mª Ángeles. ¡Felicidades!
Hasta el 8 de Julio.
Bases.










Eyra, del blog Cosas Mías, y Lunilla, de El Templo de la lectura, se han propuesto alegrarnos el verano con un sorteo la mar de apetecible.
Hasta el 8 de Julio.
Bases aquí y aquí.




Sorteo  conjunto veraniego en los blogs de Adictas Romántica, Chica sombra, Domadoras de historias y Forjada entre sueños.
Hasta el 6 de Julio.
Bases en los enlaces a cada uno de los blogs.








Albanta, del blog Adivina quien lee, sortea un ejemplar de "La casa entre los cactus", lo nuevo de Paul Pen.
Bases.





Irunesa, del blog En tus libros me colé, está de celebración, y lo hace sorteando cinco títulos muy apetecibles. ¡Felicidades bonita!
Hasta el 12 de Julio.
Bases.





jueves, 15 de junio de 2017

"Casa de verano con piscina", por Herman Koch.

Próspero médico de cabecera en Ámsterdam, Marc Schlosser ejerce su profesión con cierta dosis de cinismo. Su nutrida clientela valora especialmente el tiempo que dedica a las consultas, pero esta aparente generosidad esconde unas intenciones menos nobles, que Marc disimula con habilidad. Cuando uno de sus pacientes, el famoso actor Ralph Meier, lo invita a pasar unos días de verano junto a su familia, Marc acepta pese a las reticencias de Caroline, su esposa, molesta por la arrogante vulgaridad de Ralph y su actitud de seductor irresistible. Así, los Schlosser y los Meier, con sus respectivos hijos adolescentes, compartirán con un maduro director de Hollywood y su novia, cuarenta años más joven, una casa con piscina a pocos kilómetros de una playa mediterránea. Los días transcurren con apacible monotonía, entre comidas, paseos, largas conversaciones de sobremesa, excesos con el alcohol y flirteos más o menos inocentes, hasta que una noche se produce un grave incidente que interrumpirá las vacaciones y cambiará para siempre la relación entre las dos familias.

Casa de verano con piscina es una novela apasionante en la que nadie es del todo inocente, ni siquiera quienes parecen más frágiles e inofensivos. Herman Koch logra que el lector quede atrapado ante una incómoda encrucijada moral, que lo mantiene en vilo hasta la última página.


A veces, ante lecturas como esta, uno se pregunta qué extraños mecanismos tendrá nuestra psique para que acabemos disfrutando, tanto como yo lo he hecho, de una historia como esta. Porque se le puede echar la culpa a la brillante narrativa de Herman Koch, con la que he tenido el placer de encontrarme por primera vez, o a la magnífica construcción de sus personajes. Pero lo cierto es que la posición en que nos coloca debería ser suficiente razón para cerrar el libro y huir en dirección contraria. Y sin embargo uno se queda, y lo hace encantado, para ver hacia dónde nos lleva.

“Casa de verano con piscina” es un viaje hacia atrás que iniciamos ya sabiendo que el protagonista, Marc Schlosser, está a punto de enfrentarse al Tribunal Médico por una posible negligencia que originó la muerte de su amigo, el afamado actor Ralph Meier. Y a partir de ahí, volvemos al punto de partida, a su primer encuentro, y a esos días de verano que ambos, junto a sus familias, van a compartir en la casa de verano de los Meier.

Los primeros compases, tras el descubrimiento inicial, avanzan en un tono pausado, contando una historia en la que no pasa demasiado. Koch se vale de la narración en primera persona, dando voz a su protagonista, para desgranar con ironía el día a día de un médico hastiado, al que repugnan los problemas y las carnes de sus pacientes. Hablando en plata, Marc Schlosser es un cabrón de manual, un cínico. El autor neerlandés debe habérselo pasado en grande poniendo en boca de su criatura argumentaciones que se pasan lo políticamente correcto por el arco del triunfo. La cuestión es que capta tu atención, te atrapa, y aún no ha pasado (casi) nada.

De hecho, la trama apenas avanza hasta mediada la novela, cuando los invitados ya se acomodan en esa casa de verano con piscina, con un enorme jardín en el que cada cual juega a su juego. Los padres ven a los hijos con ojos de padres, igual que lo hacen sus hijos con ellos.  Los hombres y las mujeres se miran como lo que son, y surge el flirteo, la ocasión de experimentar algo diferente. Y nace una tensión que me ha recordado, en ciertos momentos, a la magnífica novela de Marcelo Luján, “Subsuelo”. Como en aquella, aquí ocurre poco en la superficie y mucho bajo las convenciones sociales y las sonrisas falsas que alcanzamos a ver.

Y de repente ocurre algo que nos pone, como promete la sinopsis, ante una especie de dilema moral. Me choca que se insista en ello cuando, realmente, toda la narración de Marc Schlosser está salpicada de ello. Pero sí, ocurre algo que marca un antes y un después. Me ha gustado el planteamiento, el modo y, sobre todo, la resolución. Koch es un valiente.

Creo que es obvio lo mucho que me ha gustado la novela, aunque deba admitir que no es una lectura para todo momento y para todos los lectores. La narrativa de Koch, y los juicios que pone en boca de sus personajes, pueden resultar chocantes en ocasiones, pero merece la pena probar de ambos y jugar a ponerse en la encrucijada que nos plantea.